Voz de domingo

Hago la foto del bodegón de las otras gafas en la mesa de terraza de este lugar que tanto me gusta. Veo que he optado por fotos de bodegones de gafas en cafeterías.

Llevo un buen rato leyendo arropada por una temperatura suave y amable, temperatura permisiva de otoño tímido. Esta terraza es un placer, la música tan bien elegida da juego a las gaviotas, que se quedan lejos sobre las cúpulas de merengue y los mástiles de los barcos. Las palomas son más osadas y nos abanican ondulándose sobre nuestras cabezas, hacen una corona picassiana alrededor de mis rizos. Yo sigo leyendo, haciendo como que las ignoro para que se acerquen y me hagan sonreír, me quedo quieta para percibir todo lo que me rodea, sólo cambio de postura cuando se me duerme alguna mano o me adormilo yo.

El chorrito de la fuente, sonido de fuente árabe, discreto, contínuo, hipnotizador como la visión del fuego en una chimenea. Y el sonido de las voces de muchos mundos, de muchas lenguas, de muchos modos de ser y de pensar. Voces de domingo.

La asusencia de sonido de los camareros,que pasan revoloteando vestidos de negro, veloces y atentos a todo con los ojos a media asta, suena algún plato o algún vaso, pero ellos no suenan en su eficacia.

Varias personas se sientan a mi espalda, yo sigo leyendo y escribiendo a ratos.

Y oigo tu voz al lado derecho de mi cabeza que centra toda mi atención.

No sé quién eres ni cómo eres, sólo sé que eres padre, marido y abuelo, porque distingo cuatro voces, dos hombres, uno de ellos eres tú, y dos mujeres, una de ellas tu hija, madre y esposa del otro que apenas habla, por lo que decís lleva en brazos un bebé, toda la historia surge del sonido de vuestras voces, dos protagonistas, tu hija y tú, y dos personajes secundarios que apenas intervienen y se supone que son tu mujer, la madre de tu hija, la abuela de tu nieto, y el yerno, el marido de tu hija, el padre de tu nieto.

El tema principal de esta escena de teatro terracil es el bebé que lloriquea educadamente, aunque el absoluto protagonista es tu voz, que dialoga con la voz culta, fuerte-delicada y pija de tu hija. La tuya lo domina todo, impide que yo lea, aunque siga de espaldas y aparente indiferencia. Percibo que tus mensajes llevan la intención de que yo te escuche, hace años que me he acostumbrado a distinguir las inflexiones de las voces, y tu voz desea impresionarme, es grave, potente y amable.

No me ves pero me han entrado unas ganas brutales de irme contigo a cualquier parte de cualquier sitio de nosedónde a nosequé. Como sigas hablando te voy a arrastrar hasta allá para apagarte esa voz que me conmueve.

Palpitaciones.

Salvada por la campana, se ha hecho tarde y habláis de que hay que irse a comer, siento el leve tono de decepción de tu voz porque no vas a poder seguir deleitándome con ella, haciendo que penetre en mi oído.

Vuestros sonidos mezclados con los del bebé se van apagando suavemente.

Y yo vuelvo a sonreír a las palomas.

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Una respuesta a Voz de domingo

  1. Arruillo dijo:

    ¡Qué bonito!
    Te encuentro por todas partes. No sé como he llegado hasta aquí, pero ha sido un feliz hallazgo.
    Sigue con tus palomas y que no pare la inspiración.
    Un beso

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